ARAGÓN CULTURAL Y COFRADE

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La Orden del Sepulcro tiene su origen gracias a  don Godofredo de Bonillón "Conquistador de los Santos Lugares", y data de los años de las Cruzadas, es precisamente en Jerusalén  la primera de las mismas siendo enormemente sangrienta como recogen las crónicas y es fundada por cincuenta caballeros.

     Esta Orden constituye una de las cinco que se instituyeron en los Santos Lugares: La Orden del Temple, La Orden de San Juan de Jerusalén, La Orden del Santo Sepulcro, Los Caballeros Teutónicos y La Orden de los Lazaristas. Cada una tenia un fin, así  los primeros custodiaban el Templo ; los segundos usaban la cruz blanca de ocho puntas: los terceros fueron llamados en su origen Sepulturistas, los Caballeros Teutónicos cuidaban del Hospital de Santa María y los Lazaristas asistían a los leprosos y se distinguieron por la cruz verde de ocho puntas.

      Los Sepulturistas se encargaron del Sepulcro desde el año 1.098. En la corte del rey de Jerusalén siempre había  100 Caballeros del Santo Sepulcro con el objeto de cubrir las expediciones militares que tuvieran lugar, de esta forma tuvieron una gran participación desde  1.123, luchando al lado del rey Balduino de Jerusalén.

     En el año 1128 estuvieron en el sitio de Tiro en la toma del castillo de Monteferrand, en 1.146 en el sitio de Damasco, en 1.153 en la toma de Arcalea, en 1.182 en la batalla de Bethsan, en 1.180 en el sitio de San Juan de Acre, en el que murió, combatiendo, el Prior de la Orden. Con la toma de Jerusalén por los turcos, los Caballeros del Santo Sepulcro se trasladaron a Europa extendiéndose por Polonia, Francia, Alemania y Flandes, instituyendo diversos conventos entre los que pueden citarse los de Parma, Perusa y París. En lo que respecta al distintivo, los caballeros de esta Orden utilizaban la cruz potenzada roja en el manto, divina heráldica de Jerusalén, y la cruz patriarcal de doble traviesa sobre el pecho. Habrá que decir que al estar encargado los Franciscanos de Tierra Santa, el Papa León X los autorizó para armar caballeros del Santo Sepulcro a cuantos peregrinos llegaban a Jerusalén y así lo solicitaban, siendo condición indispensable pertenecer a familias principales de Europa. En el año 1.480, el Papa Inocencio VII decidió incorporar la Orden del Santo Sepulcro a la de Jerusalén y más tarde, el Pontífice Pío X se reservó el Gran Maestrazgo en el año 1.904. En la antigüedad existían tres clases de caballeros: De Honor y Devoción, los de Justicia y los de Gracia Magistral, nombrados por el Gran Maestre título honorífico. En la actualidad, la Orden se divide en tres grados: Caballeros, Comendadores y Grandes Cruces. En lo que se refiere a esta orden en España, hay que decir que al encontrarse el país en la época de la Reconquista, no había que salir de él para luchar contra los mahometanos. Claro que de esta labor se encargaban en alto grado los Caballeros Templarios hasta el punto que, en Cataluña, el conde soberano Ramón Berenguer III tomó el hábito de esta orden. En Aragón, el rey Alfonso I el Batallador quiso hacer otro tanto, pero eligiendo la Orden del Santo Sepulcro, y la instituyó heredera de su reino y dominios, conjuntamente con la del Hospital y la del Temple, según su testamento de 1.134. He aquí cómo, de hecho, quedaban tres órdenes Militares como soberanas del reino de Aragón, hecho insólito no dado hasta entonces. No obstante sus Maestres tuvieron el buen tino de declinar dicha soberanía sobre todo al comprobar que el reino se alborotaba por que decidieron ceder sus derechos al conde soberano de Barcelona Ramón Berenguer IV que así ceñía en sus sienes la Corona de Aragón. Muy agradecido por la merced, el soberano catalán ingresó en la Orden del Santo Sepulcro, pero sin renunciar a la gobernación de sus Estados, con lo cual la citada orden quedó firmemente asentada en Cataluña. Las otras dos Órdenes Templarios y Hospitales, renunciaron asimismo a sus derechos sobre la corona de Aragón y el asunto quedó definitivamente resuelto. Los caballeros del Santo Sepulcro continuaron batallando contra los musulmanes hasta el punto que el rey Jaime I el Conquistador los hizo objeto de grandes y ricas mercedes. Para indicar la descendencia de la orden al Patriarca de Jerusalén, en las iglesias de esta Orden siempre se ostentaba en su fachada la cruz patriarcal de doble traviesa.

Texto Sandra Cólera  

Historia de la Orden del Sepulcro

 

        

 

 

    

                      

 

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